El
Círculo de los 99:
Aprende
a Manejar tu Dinero,
por Marcelo
Perazzolo
http://www.psinter.org/CursoGratisInversiones.html
Hablando
de DINERO,
es bueno siempre tener un contrapeso y la
siguiente historia cumplirá esa función.
Agradezco la colaboración del Dr.
Falcon y su esposa Ana María Gatti (de Uruguay) quienes me han
suministrado gran cantidad de material.
Gustavo Caselli, con mayor precisión
aún nos dice:
"El circulo del 99 es
un cuento incluido en Recuentos para Demian de Jorge Bucay y cuya
idea salió de Los tres tesoros de B. Rajneesh. Es un libro para
recomendar... aconsejo leerlo. El autor es el mismo de "Cartas para Claudia"
y "Cuentos para pensar".
Había una vez un rey muy triste que
tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando
y tarareando alegres canciones.
Una sonrisa se dibujaba en su distendida
cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día
el rey lo mandó a llamar.
- Paje -le dijo- ¿cuál
es el secreto?
- ¿Qué secreto, Majestad?
- ¿Cuál es el secreto de tu alegría?
- No hay ningún secreto, Alteza.
- No me mientas, paje. He mandado
cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
- No le miento, Alteza, no guardo
ningún secreto.
- ¿Por qué estás siempre alegre
y feliz? ¿Eh, por qué?
- Majestad, no tengo razones para
estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa
y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos
y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas
monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no estar feliz?
- Si no me dices ya mismo el secreto,
te haré decapitar -dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por esas
razones que has dado.
- Pero, Majestad, no hay secreto.
Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando...
- Vete, ¡vete antes de que llame
al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia
y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse
cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose
de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio
de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.
- ¿Por qué él es feliz?
- Ah, Majestad, lo que sucede es
que está fuera del círculo.
- ¿Fuera del círculo?
- Así es.
- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
- No Majestad, eso es lo que no
lo hace infeliz.
- ¿Y cómo salió?
- ¡Nunca entró!!
- ¿Qué círculo es ese?
- El círculo del 99.
- Verdaderamente, no te entiendo
nada -dijo el Rey.
- El único modo para que entiendas,
es mostrártelo en los hechos.
- ¿Cómo?
- Haciendo entrar a tu paje en
el círculo.
- Eso, ¡obliguémoslo a entrar!
-No, Alteza, nadie puede obligar
a nadie a entrar en el círculo.
- Entonces habrá que engañarlo.
- No hace falta, Su Majestad. Si
le das oportunidad, él entrará solo en el círculo.
- ¿Pero no se dará cuenta que
eso es su infelicidad?
- Sí, se dará cuenta, pero no
lo podrá evitar. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente
para entender la estructura del círculo?
- Sí
- Bien, esta noche te pasaré a
buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro,
ni una más ni una menos. ¡99!
Así fue. Esa noche, el sabio pasó a
buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se
ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.
Cuando dentro de la casa se encendió
la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel
que decía:
"Este
tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes
a nadie cómo lo encontraste."
Luego ató la bolsa con el papel en la
puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió,
vió la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido
metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia
todos lados de la puerta y entró a su hogar.
El rey y el sabio se arrimaron a la
ventana para ver la escena.
El sirviente ingresó presuroso a
su hogar y con su brazo arrojó al piso todo lo que había sobre la mesa
dejado sólo la vela.
Se sentó y vació el contenido de
la bolsa...
Sus ojos no podían creer lo que veían.
¡Era una montaña de monedas de oro!
El, que nunca había tocado una de estas monedas, ¡tenía hoy una montaña
de ellas!
El paje las tocaba y amontonaba, las
acariciaba y hacía brillar a la luz de la vela. Las juntaba y desparramaba,
hacía pilas de monedas.
Así, jugando y jugando empezó a
hacer pilas de 10 monedas.
Una pila de diez, dos pilas de diez,
tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50,
60... hasta que formó la última pila: ¡9 monedas!
Su mirada recorrió la mesa primero,
buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa.
"No puede ser", pensó. Puso
la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.
Me robaron -gritó- me robaron,
¡malditos!
Sobre la mesa, como burlándose de
él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas
de oro "sólo 99".
"99 monedas. Es mucho dinero",
pensó. Pero me falta una moneda.
"99 no es un número completo,"-pensaba.
"Cien es un número completo pero 99, no."
El rey y su asesor miraban por la
ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido
y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y
la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes.
El sirviente guardó las monedas en
la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía,
escondió la bolsa entre la leña.
Luego tomó papel y pluma y se sentó
a hacer cálculos.
¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar
para comprar su moneda número cien?
Todo el tiempo hablaba solo, en voz
alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta
conseguirla.
Después quizás no necesitara trabajar
más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.
Con cien monedas de oro un hombre
es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo.
Sacó el cálculo. Si trabajaba y
ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce
años juntaría lo necesario. "Doce años es mucho tiempo", pensó.
Quizás pudiera pedirle a su esposa
que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo.
Y él mismo, después de todo, él
terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar
hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.
Sacó las cuentas: sumando su trabajo
en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero.
¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera
llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo
por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría
para vender...
Vender... Vender...
Estaba haciendo calor. ¿Para qué
tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio,
pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
El paje había entrado en el círculo
del 99...
Durante los siguientes meses, el sirviente
siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana,
el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de
pocas pulgas.
- ¿Qué te pasa? -preguntó
el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías
y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué
querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?
No pasó mucho tiempo antes de que
el rey despidiera al sirviente.
No era agradable tener un paje que
estuviera siempre de mal humor..."
Comentario del autor del cuento:
"Vos y yo y todos nosotros
hemos sido educados en esta estúpida ideología:
Siempre nos falta algo para estar
completos, y sólo completos se puede gozar de lo que se tiene.
Por lo tanto, nos enseñaron, la felicidad
deberá esperar a completar lo que falta... Y como siempre nos falta algo,
la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.
Pero qué pasaría si la iluminación
llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras
99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que
nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien que
noventa y nueve, que todo es sólo una trampa, una zanahoria puesta frente
a nosotros para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices
o resignados.
Una trampa para que nunca dejemos
de empujar y que todo siga igual...
...Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos
disfrutar de nuestros tesoros tal como están..."
Creo que es otra estupenda historia acerca
del manejo del dinero.
Traten
de no entrar en el "Círculo de los 99", generalmente no
es buena cosa (en mi caso es aún peor porque ¡sólo me dejaron 96
monedas estos malditos!).
Marcelo Perazzolo,
es Director de Professional
Services Provider desde 1997.Es uno de los grandes entrenadores sobre
marketing, inversiones, Internet y desarrollo profesional, en toda la región
hispanoamericana.
Solicita gratuitamente su
Seminario "Aprende a Manejar tu Dinero Profesionalmente", en once entregas
+ un libro digital --todo sin costo para ti--aquí:
http://www.psinter.org/CursoGratisInversiones.html
|
|
.
.
|