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¡Hola!
Aquí encuentras cada mes una serie de textos que esperamos te ayuden de manera cierta en tus negocios y en tu vida personal y profesional. Lo que buscamos es que una idea de las varias que te presentamos, por lo menos, te sea de utilidad. Si se da de tal modo, habremos cumplido nuestro objetivo. Gracias por leernos. Esperamos que te sea de alto provecho. Y, a propósito de las reflexiones que este principio de año siempre genera, no dejes de leer nuestro Artículo Especial: “Mi Entrevista con Dios.” Seguramente te dejará pensando positivamente... Cordialmente, Laura Sotomayor
Garza
Para una Relación a Largo Plazo con tus Clientes y Colaboradores, Las
empresas, sus ejecutivos y vendedores deberían comprometerse
día a día con los requisitos necesarios para construir unas
relaciones prósperas y durables con todos sus clientes.
Estos requisitos, inclusive, son los mismos que los que hay que desarrollar entre amigos y entre miembros de una familia: Beneficio Mutuo
Compromiso
Autenticidad
Por el contrario, el aprecio expresado de manera auténtica será rápidamente percibido por el cliente y acelerará la evolución de la relación. Comunicación
En cada una de las etapas de una relación comercial, si la comunicación está bien elaborada ayudará a la organización a transmitir los otros tres factores a los clientes. Haciendo saber a los clientes que se les puede proporcionarles algo que ellos valoran, reforzando consistentemente su compromiso con sus necesidades, hablándoles sincera y honestamente, y escuchando y respondiendo a su retroalimentación y sus sugerencias, les estarán demostrando su deseo de ganarse la lealtad de sus clientes.
Soñé que tenía una entrevista con Dios… “¿Te gustaría entrevistarme?” Dios me preguntó. “Si tienes tiempo,” le dije. Dios sonrió: “Mi tiempo es eterno, ¿qué pregunta quieres hacerme?” “Ninguna nueva, ni difícil para Ti,” le respondí. “¿Qué es lo que más te sorprende de la humanidad?” Me contestó: “Que tienen prisa por crecer, y tan pronto crecen quieren ser niños de nuevo. Pierden su salud para hacer dinero y luego deben usar su dinero para recobrar la salud. Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su presente, con lo que no viven el presente ni el futuro. Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido...” Las manos de Dios tomaron las mías y estuvimos en silencio por un rato y entonces le pregunté... “¿Me dejas hacerte otra pregunta?” No me respondió con palabras, sino sólo con Su tierna mirada. “Padre, dime, ¿qué lecciones deseas que como Tu hijo yo aprenda?” Dios respondió con una sonrisa: “Que aprendas que no puedes hacer que todos te amen y lo que sí puedes hacer es amar a los demás. Que lo más valioso no es lo que tienes en tu vida, sino a quién tienes en tu vida. Que aprendas que una persona rica no es la que tiene más, sino la que necesita menos. Que aprendas que únicamente toma unos segundos herir profundamente a una persona que amas, y que puede tomar muchos años cicatrizar la herida. Que perdonar se aprende perdonando. Que aprendas que hay personas que te aman entrañablemente, pero que muchas veces no saben cómo expresarlo. Que a veces tienes derecho a sentir molestia, pero eso no te da derecho a molestar a quienes te rodean. Que aprendas que dos personas pueden mirar la misma cosa y las dos percibir algo diferente. Que perdonar a los otros no es fácil, y que perdonarse a si mismo es el primer paso...” “Gracias por tu tiempo,” le dije. “¿Hay algo más que quieras que aprenda?” Dios sonrió, y me contestó: “Que sepas que
Yo estoy aquí para todos... Siempre...”
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